Llopis

9 obras

Llopis pertenece a esa generación de pintores que aprendió el oficio cuando el oficio lo era todo: dibujo, perspectiva, composición, horas frente al caballete. Hoy, ya jubilado de todo menos de la pintura, trabaja con Cuadros Sils desde una posición privilegiada: la de quien domina tan bien la tradición que puede permitirse el lujo de romperla.

Buena parte de su obra reciente mira a la gran arquitectura española: catedrales, portadas monumentales, plazas y rincones con siglos de historia. Pero Llopis no documenta, reinterpreta. Sobre un dibujo arquitectónico de precisión casi académica —torres, arquerías, farolas, cadenas que se pierden en perspectiva— deja que la pintura haga lo contrario de lo que el monumento espera: manchas que invaden la piedra, salpicaduras de óxido, veladuras que disuelven los edificios en atmósferas de blanco, oro viejo, rosa o violeta. El resultado es un choque deliberado entre lo eterno y lo efímero, entre el rigor del trazo y la libertad de la mancha.

Esa es su transgresión: tratar cualquier tema, por clásico que sea, como materia viva. Sus monumentos parecen a la vez recuerdos y visiones —reconocibles al instante, pero envueltos en una luz que nunca existió—, y esa misma mirada inquieta le lleva a explorar continuamente nuevos territorios: su producción para Cuadros Sils sigue creciendo y no entiende de temas cerrados.

En un proyecto de interiorismo, la obra de Llopis aporta algo poco frecuente: contenido. Un vestíbulo de hotel, un despacho o una vivienda ganan con ella un punto de anclaje cultural, resuelto con una elegancia cromática que se integra sin estridencias.

Llopis lo tiene claro: la tradición no se conserva repitiéndola, se conserva atreviéndose con ella.

Estilos y Temáticas
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Tonalidades
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Colores
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5 obras

Novedad

Obra Original
Llopis

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