ARTE DE PRIMERA CALIDAD PRODUCIDO EN ESPAÑA
Morilla pinta rodeado de la huerta murciana, y algo de esa tierra fértil hay en su manera de trabajar: pocas firmas del equipo de Cuadros Sils resultan tan prolíficas y tan difíciles de encasillar. Acompaña a la casa desde el principio, y esa relación de años lo ha convertido en uno de sus pintores de cabecera —de los que sostienen el catálogo con obra propia y, además, dan vida a la colección Vanguard.
Su versatilidad es real, no retórica. Hay un Morilla del silencio, que trabaja el blanco sobre blanco: círculos que apenas emergen del yeso, superficies rastrilladas como campos vistos desde el aire, escamas y relieves que convierten el cuadro en pura textura. Hay un Morilla constructivo, de formas rotundas sobre linos crudos y paletas de negros, grises y arenas. Y hay un Morilla desatado, el del color: retratos de mirada intensa construidos a brochazos fauvistas, animales que estallan en tonos imposibles —elefantes multicolores, colibríes que parecen fuegos artificiales—, composiciones pop llenas de humor y frescura.
Que un mismo pintor domine registros tan opuestos tiene una explicación sencilla: oficio y curiosidad a partes iguales. Morilla dibuja con solidez académica —sus animales y rostros lo delatan— pero se aburre en la repetición, así que cada serie es un territorio nuevo.
Para el cliente profesional, eso lo convierte en un comodín de lujo: en su producción hay piezas para el proyecto más sereno y minimalista y para el espacio que pide un golpe de energía y color, siempre con la misma factura sólida.
Morilla lo dice a su manera: pintar siempre igual sería como cultivar un solo fruto teniendo toda la huerta.
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