ARTE DE PRIMERA CALIDAD PRODUCIDO EN ESPAÑA
Los cuadros de Paumar se reconocen antes de leer la firma. El pintor valenciano, con una larga trayectoria a sus espaldas, ha construido uno de los lenguajes más personales del equipo de Cuadros Sils: una pintura que no imita el paso del tiempo, sino que lo fabrica.
Sus superficies parecen encontradas más que pintadas —muros erosionados, metales oxidados, revoques agrietados por décadas de sol y salitre—. Paumar las construye capa a capa con técnica mixta: papeles arrugados que se incorporan al lienzo, veladuras de óxido, craquelados, salpicaduras minerales. Sobre esa piel envejecida deposita su paleta inconfundible, donde los blancos rotos y las tierras conviven con dos acentos que son casi su firma: el turquesa desgastado del Mediterráneo y el naranja del hierro oxidado.
De ese fondo emergen sus temas. A veces la pura abstracción: horizontes marinos velados, estratos de tierra superpuestos como cortes geológicos, campos verdes salpicados de luz. Y a veces la figura, siempre con el rostro en silencio: bustos anónimos perfilados con una línea blanca nerviosa, o su celebrada relectura de la Dama de Elche, donde el icono mediterráneo por excelencia se disuelve en joyas de color sobre un rostro deliberadamente vacío, convertido en espejo de quien lo mira.
Esa coherencia hace de Paumar una apuesta segura para el proyecto de interiorismo: su obra tiene la calidez de lo que parece tener historia, la elegancia de una paleta contenida y esa capacidad, poco común, de dar alma a espacios nuevos. Funciona con la misma naturalidad en una vivienda mediterránea que en un hotel o un espacio contract de líneas actuales.
Paumar persigue, en el fondo, una sola cosa: que cada cuadro parezca haber existido siempre.
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